En los últimos años el uso de los smartphones ha experimentado un espectacular crecimiento (394%) o lo que es lo mismo: según el último estudio “Demanda y uso de Servicios de Telecomunicaciones y Sociedad de la Información” del ONTSI, siete de cada diez personas de 15 o más años (70,4%) tienen un smartphone.

Los primeros usuarios de smartphone veían en el teléfono inteligente la posibilidad de ir un paso más allá de las tradicionales llamadas y poder acceder a aplicaciones de mensajería instantánea, correo electrónico  o redes sociales. Usos que, al igual que el número de usuarios, han ido evolucionando y creciendo hasta convertir al smartphone en una herramienta indispensable en nuestro día a día como puede verse en los siguientes datos (extraídos del informe mencionado anteriormente):

  • 80.9%

    Del total de usuarios de Internet que acceden diariamente a la red, lo hace a través del móvil.

  • 61.2%

    De los internautas que han accedido a la banca electrónica en los últimos tres meses lo han hecho a través de un smartphone.

  • 51.1%

    De las compras realizadas en Internet en los tres últimos meses se hicieron a través del smartphone.

Datos que lejos de pasar desapercibidos ante los hackers no han hecho más que aumentar su atención y foco sobre estos dispositivos. Sin querer caer en la paranoia, pensemos que hemos convertido al smartphone en un dispositivo que no sólo tiene información de dónde estamos y qué hacemos en cada momento sino que además tiene acceso a todas nuestras cuentas bancarias y contraseñas. Sin olvidar el pequeño detalle de la cámara y micrófonos que lleva incorporados. Todo ello accesible a través de un simple código de desbloqueo o PIN y ni siquiera en todos los casos (el 18% de los smartphones carecen de dicha medida de protección).

Esta combinación de factores hace que se den las condiciones perfectas para que muchas personas con acciones tan simples como hacer clic en un enlace de una red social o abrir una página desde un mensaje de correo,  vean comprometidos sus datos, ya no sólo personales, sino los corporativos también. Este es uno de los grandes problemas actuales de las empresas que ven, cómo cada vez más, sus empleados disponen de dispositivos móviles con acceso a información confidencial sin control alguno.

Para evitar los posibles ataques a los que estamos expuestos es muy importante crear hábitos. El cambio periódico de la contraseña de desbloqueo, el uso de contraseñas diferentes para cada cuenta, evitar enlaces enviados por correos y/o alojados en redes sociales, etc. Pero sobre todo, estar un paso por delante de las posibles amenazas, conocer y entender el efecto y las consecuencias que podría suponer un ataque a nuestro smartphone.